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Noticias

NotaPublicado: Mar, 22 Dic 2020, 10:32
por Muniouro
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El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, se ha sumado al criterio del Gobierno central y también ha aumentado el presupuesto para material antidisturbios. El Ministerio del Interior ya lo hizo hace unas semanas, pero es que ahora la responsable del Área de Gobierno de Portavoz, Seguridad y Emergencias, María Inmaculada Sanz Otero, ha destinado 270.035,70 euros para comprar “equipos antidisturbios para la unidad de apoyo a la Seguridad del Cuerpo de Policía Municipal de Madrid”, tal y como se refleja en un documento al que ha tenido acceso MONCLOA.com.

El gastarse todo este dinero público en aumentar el presupuesto en material antidisturbios viene justificado por la pandemia. El Ayuntamiento entiende que las intervenciones de la Unidad de apoyo a la Seguridad (los antidisturbios de la policía municipal de Madrid) han crecido desde que hay que controlar las aglomeraciones como fiestas o “botellones” y apuestan por reforzar su material para “disolver” hipotéticas y futuras concentraciones de personas en la capital. En un documento explican y justifican que este gasto viene motivado por causas reales.

“La Unidad de Apoyo a la Seguridad es una unidad especializada en la contención de masas y debe actuar en grandes eventos y en situaciones donde exista riesgo para las Unidades de distrito. Actualmente el número de intervenciones está aumentando dado que se hace necesaria su presencia en aquellos casos donde el número de persona presentes ( fiestas, botellones, etc) no están cumplimiento con las medidas sanitarias obligatorias derivadas de la pandemia COVID19. Este número de actuaciones están aumentando al estar cerrado el ocio nocturno las fiestas se han desplazado hacía zonas verdes y viviendas particulares”, detallan en un documento.

Vamos, que para Sanz Otero es necesario gastarse 270.035,70 euros en reforzar todo el equipo antidisturbios de su policía para controlar botellones de jóvenes y alguna que otra fiestas descontrolada. “Para poder actuar con todos la garantías de seguridad se hace necesaria la dotación a los componentes de la unidad de cascos y escudos de protección”, detallan. El equipo completo para los antidisturbios de la policía municipal.

“El coste global de todos estos elementos, con dos años de garantía, asciende a 233.170,00 euros, al que le corresponde por IVA la cantidad de 46.865,70 euros, siendo el importe total de 270.035,70 €, IVA incluido, con cargo a la aplicación presupuestaria”, aseguran. En total, una buena cantidad de dinero de las arcas públicas que Sanz Otero ha destinado directamente engrosar el equipo antidisturbios. Y lo mejor es que Almeida y su delegada del Área de Gobierno de Portavoz, Seguridad y Emergencias lo quieren para ya, pues detallan que este pedido debe estar entregado como tarde en el plazo de un mes. La empresa encargada de dar los cascos y los uniformes antidisturbios es Uniformidad y Suministros de Protección S.L.

En cualquier caso, y para justificarse, Almeida entiende que el Ayuntamiento de Madrid está inmerso en una situación crítica de emergencia que justifica el uso de los antidisturbios para controlar los posibles contagios. “Asimismo, cabe recordar que en estos momentos la ciudad de Madrid se ve afectada por dos planes de emergencia simultáneos: PLATERCAM, de la Comunidad de Madrid, que se encuentra en nivel 2 de emergencia, y PEMAM, del Ayuntamiento de Madrid, actualmente en fase naranja”, detallan en un documento del Ayuntamiento de la capital.

Por el momento, Almeida ha tirado en más de una ocasión de los antidisturbios para controlar la pandemia. Pero para otras cosas también. En julio de 2019, al poco de llegar al poder, el alcalde colocó a un grupo de antidisturbios para vigilar 24 horas al día los barrios de Tetuán y Vallecas así como el de Lavapiés para controlar las posibles protestas que pudieran sucederse. Ahora prevé emplear esa herramienta para endurecer los controles de aglomeraciones, como los botellones y las protestas que puedan suceder en 2021, pues recordemos que no queda más de un mes para que la policía municipal reciba su nuevo equipamiento.

El dato más curioso es que este contrato público ha coincidido prácticamente en el tiempo con otro del Ejecutivo central que también preveía aumentar el gasto en material antidisturbios. Estas facciones de la policía están experimentando un crecimiento importante dado que los gobierno autonómicos, central y municipales auguran un 2021 agitado, cuanto menos.
EL GOBIERNO PREVÉ UN AÑO DE PROTESTAS

Vienen momentos convulsos y el Gobierno parece que quiere reforzar el material para mantener “la paz”, tal y como lo denominan. Tal y como ha podido comprobar MONCLOA.com, el Ejecutivo ha destinado 31.000 euros para comprar material antidisturbios, especialmente cascos pesados con pantalla para la Guardia Civil, justo los que se emplean para disolver protestas o manifestaciones violentas, como las que sucedieron en Cataluña hace un año. Todo esto responde no tanto a una necesidad, sino a una previsión del Gobierno que se espera que con la crisis económica la sociedad implosione. Desde el PSOE aseguran que es algo rutinario, pero fuentes cercanas al Gobierno no descartan un 2021 convulso.

El Gobierno ha encargado a la empresa especializada Fábrica Española de Confecciones, S.A. (más conocida como FECSA) la compra de un número concreto de cascos para la Guardia Civil que aún no han especificado. Este empresa es la misma a la que acudió la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para vestir con chalecos antibalas a su Guardia Urbana. Ahora, darán un buen impulso a la Guardia Civil con nuevo material antidisturbios para encarar el 2021 en buenas condiciones. Al menos textiles.
Y COLAU TAMBIÉN

La administración pública ha recurrido en repetidas ocasiones a FECSA, muchas veces en fechas oportunas. Cuando Colau dedicó 120.998,79 euros públicos para comprar chalecos antibalas en agosto de este año, Barcelona encaraba la Diada y el aniversario del 1-O. Casualidad no es, o al menos no lo parece. Pero no es nuevo, pues ya se había hecho otro contrato de suministro de chalecos antibalas de 2015 por 758.186 euros. Y en 2018 esta empresa textil también se hizo con un contrato de suministro de chalecos antibalas interiores por 400.000 euros. En este caso, FECSA se ha quedado fuera de este contrato de la capital.
https://www.moncloa.com/almeida-presupu ... otellones/

Re: Noticias

NotaPublicado: Vie, 25 Jun 2021, 12:50
por Muniouro
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La Policía Municipal de Madrid, la más antigua de España (se creó en 1838), está de aniversario. En 1971 se convirtió en el primer cuerpo policial del país, junto con la de Córdoba, en admitir a mujeres entre sus agentes. Ocho años antes que la Policía Nacional. Y no para tareas administrativas, sino directamente para engrosar la Agrupación Mixta de Tráfico, una de sus principales unidades hace medio siglo.

Desde entonces, las mujeres han ido cobrando cada vez un mayor protagonismo en el cuerpo, hasta ser ya casi el 13% de los 5.600 policías municipales que patrullan Madrid. Para conmemorar esta efeméride, la Reina Letizia presidirá hoy la celebración de San Juan, el patrón de la Policía Municipal en un acto con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, en el parque del Retiro. Además, el Área de Seguridad que dirige Inmaculada Sanz, ha organizado una exposición de fotos que resumen 50 años en 50 imágenes que se podrán ver en el centro cultural Fernando Fernán Gómez y después en otros centros culturales de la capital hasta final de año.

Concepción Jiménez, de 58 años, es una de las agentes más veteranas del cuerpo. En abril de 1982, con 18 años, entró en la Comisaría de San Blas. 39 años después, puede afirmar con toda rotundidad en conversación con EL MUNDO que "jamás me he sentido discriminada en la Policía Municipal, ni fuera, ni siquiera cuando éramos muy pocas las mujeres en el cuerpo". En 1990, entró en la Unidad de Seguridad 4, que cubre seis distritos del centro y del este de Madrid.

Jiménez destaca que desde el principio se demostró que las mujeres eran muy útiles para determinadas funciones, como cachear a otras mujeres, para amparar a las víctimas en los casos de violencia de género o para asistir a las que sufren agresiones sexuales. "Durante muchos años, las comisarías de Policía Nacional nos pedían ayuda para cachear a detenidas, porque mientras en la Policía Municipal entramos muchas mujeres desde principios de los 70, en el Cuerpo Nacional de Policía casi ni había".
Dos mujeres policía realizan prácticas de tiro en el Cuartel del Conde Duque, en 1987.
Dos mujeres policía realizan prácticas de tiro en el Cuartel del Conde Duque, en 1987.Ayuntamiento

Isabel Peñas, compañera de promoción de Jiménez, pidió en 1982 destino en el turno de noche para formar una patrulla de seguridad ciudadana, pero se lo denegaron. A pesar de haber conseguido el puesto 84 de 400 y poder elegir destino, un mando de la época consideró que "una mujer no puede hacer ese trabajo". Por eso, le dieron su segunda opción, la Unidad de Venta Ambulante y Mercados, que se creó para controlar la venta de aceite de colza y otros alimentos a granel, tras el estallido de aquella crisis de salud pública.

Dos años después, en 1984, Isabel consiguió su sueño: entró en el turno de noche en la Comisaría de Centro (en turno continuo de 22:00 a 8:00 horas) y con ese horario y esas funciones lleva patrullando Madrid 37 años de forma ininterrumpida.

"Fui la primera mujer que patrulló Madrid en el turno de noche, con 20 años", relata a este diario. En 2003, conformó la primera patrulla de dos mujeres que recorre de noche Madrid. Y con la misma compañera sigue en 2021.

En ese tiempo, ha tenido una hija que hoy tiene 29 años, ha estudiado y se ha licenciado en Derecho y el próximo curso empezará Ciencias Políticas.

"A mí siempre me gustó la seguridad ciudadana y el turno de noche, un momento en el que todo el cuerpo colabora para lo que necesites en cualquier situación", detalla. Las mujeres tienen "más mano izquierda" y "saben afrontar mejor situaciones peligrosas y arriesgadas", asegura.

En estos casi 40 años, destaca como lo más bonito de su trabajo haber salvado vidas. "Recuerdo cuando vimos a un hombre sentado en el suelo con la mirada perdida", explica, "me acerqué a él y no contestaba; no me sonreía cuando se lo pedía, no levantaba el brazo cuando se lo dije; llamamos inmediatamente a una ambulancia y le atendieron de un ictus». El Samur le explicó después que había salvado su vida por haber sido atendido rápidamente.

Naturalmente que no... Como no lo están las ingenieras con las que yo trabajo. Las que se sienten discriminadas son las que quieren ganar lo mismo que las ingenieras o arquitectas pero sin esfuerzo ni estudios, aprovechando la existencia de un ministerio absurdo como es el de igualdad y de una ministra inepta para cualquier actividad.
https://www.elmundo.es/madrid/2021/06/2 ... b460c.html

Re: Noticias

NotaPublicado: Vie, 25 Jun 2021, 23:06
por Bávaro

militariapiel.es
Muniouro escribió:Las mujeres tienen "más mano izquierda" y "saben afrontar mejor situaciones peligrosas y arriesgadas", asegura.


No se si reír o llorar..., igual en la PMM es así..., pero en mi cuerpo desde luego que no, por lo menos en lo que he visto yo.

Re: Noticias

NotaPublicado: Dom, 27 Jun 2021, 08:19
por Polilla52
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Bávaro escribió:
Muniouro escribió:Las mujeres tienen "más mano izquierda" y "saben afrontar mejor situaciones peligrosas y arriesgadas", asegura.


No se si reír o llorar..., igual en la PMM es así..., pero en mi cuerpo desde luego que no, por lo menos en lo que he visto yo.


Sólo ha faltado poner “patrocinado por el ministerio de superioridad”, perdón de igualdad.

Re: Noticias

NotaPublicado: Lun, 12 Jul 2021, 11:16
por Muniouro
Gc Edicion 175 Aniversario

gafaspolicia.com
Isabel Peña (Madrid, 1963) lleva más de media vida en la Policía Municipal de Madrid y todavía patrulla las calles con la misma pasión y energía con la que salió de la academia a los 19 años. No importa las veces que ha visto la cara más oscura de la gente o las que ha tenido que soportar algunos insultos que van más dirigidos al cuerpo que a ella. "Es una profesión maravillosa, que lo sepas", me dice casi como si fuera un secreto.

Con tan solo 17 años decidió convertirse en policía porque "siempre me han podido las injusticias". "Un día llegué a casa de clase, dejé los libros y dije que me iba a presentar. Mi madre se quedó... Siempre he sido una persona muy activa y ya se lo había dicho, pero ella pensaba que era lo típico que se me pasaría".

Dos años después, en 1982, ya se había graduado y pisaba las calles con el uniforme por primera vez como parte de la Unidad de Abastos y Mercados, que se había creado para gestionar la crisis del aceite de colza que había azotado al país el año anterior. "Se hizo una unidad en base a la ordenanza para combatir la venta ambulante y todo ese tipo de actividades no reconocidas".

Desde su primer día vio cuál era la realidad de la Policía. "Venía de un instituto, cantaba en un coro... Era un mundo totalmente diferente. La primera vez que salí fue a la calle Doctor Bellido de Vallecas para decomisar un puesto de venta ambulante, no se me va a olvidar en la vida. Fuimos a intervenir y empezaron a insultarme, no me entraba en la cabeza que la gente insultase un policía porque yo no lo había vivido nunca. Cuando llegué a mi casa le dije a mi madre: 'Lávate con lejía todos los días porque te ponen a parir'".

Desde aquel día su "chip cambió", pero ningún insulto ha hecho que se arrepienta de su decisión ni que cumpla su deber con menor diligencia. "Una vez me preguntó un juez qué haría yo si alguien me llamase hija de p***. Yo le dije: Tengo dos opciones, le puedo denunciar por la 4/2015 o por insultos a un agente de autoridad. Lo que pasa es que no me está insultando a mí porque esa persona no me conoce de nada, insulta lo que llevo y lo que llevo lo tengo que hacer valer. Ese insulto no pasa a mi interior como persona, no puede", explica.

Para Isabel mantener la objetividad y relativizar las situaciones es clave a la hora de gestionar su trabajo, en el que ven día a día ve una parte de la sociedad de la que habitualmente somos ajenos. "Salir de la Academia fue aprender a ver otro mundo diferente. Nosotros el problema que tenemos es que tenemos una visual muy concreta. Yo te puedo decir 'los jóvenes son maravillosos', pero con los que yo toco no porque a mí me reclama quien tiene un problema, quien pide auxilio, no el que está en su casa estudiando o durmiendo. La mayor parte de la sociedad es maravilla, pero nosotros no podemos generalizar con las situaciones con las que damos. Sería un error tremendo porque hay una parte de la población mínima que es la que perjudica al resto".



Manteniendo siempre esta filosofía en su cabeza, Isabel continúa patrullando las calles del centro de Madrid, nada más y nada menos que en el turno de noche, el destino que quiso desde que salió de la academia. "Pedí ese turno cuando entré, pero entonces el mando que llevaba esa unidad consideró que una mujer no era conveniente porque era muy joven". Al final le concedieron la Unidad de Abastos, su segunda opción, y más tarde se trasladó a Tráfico, donde estuvo solo unos meses. "Yo seguía queriendo estar en el turno de noche y al final me lo concedieron en el año 84. Allí estoy desde entonces".


En todo este tiempo Isabel ha visto muchas cosas, y algunas aún las recuerda con pena. "Tuve una vez un suicidio de una mujer que a mí me costó mucho. Estaba encerrada en su casa y era una intervención complicada, no habían llegado los bomberos... Y es que la vi, hablé con ella... Me llevé a casa ese dolor y esa incapacidad de no haberlo podido evitar".

Pero todos estos años en la Policía Municipal y esas noches de un lado a otro de la ciudad no le pesan, como sí lo hace el chaleco del uniforme. "Es incómodo, pero lo importante es que puede salvarte la vida". Con todo el equipamiento los policías de patrulla llevan 10 kilos extra con los que tienen que perseguir a delincuentes. No obstante, sigue siendo mejor que cuando las mujeres debían llevar tacones para trabajar, una realidad que Isabel llegó a vivir.

"Yo lo de falda-pantalón no lo he llevado en mi vida, llevaba un pantalón como de tergal con la chaquetilla de cremallera corbata y camisa azul. Lo que sí llevábamos era un zapato de salón con un tacón ancho de unos cinco o seis centímetros. Era muy mono y elegante, pero incómodo para trabajar. También teníamos un bolso negro que igual, muy bonito para llevarlo tú en la calle pero inútil. Los tacones por suerte los quitaron rápido porque nos quejamos y ahora vamos uniformadas exactamente igual que los hombres".



Porque hacen el mismo trabajo y, lógicamente, deben ser tratadas igual, aunque en las calles más de una vez han ido a por ella pensando que sería más débil por ser mujer. "Antes normalmente cuando había una mujer policía iban a por ella. A mí incluso me han arrancado las mangas de la camisa y me han tirado las cajas por encima de los compañeros".

Todavía hay alguna persona que "usa el recurso fácil" y la increpa usando frases ya casposas: "Te decían lo típico que te fueses a fregar. Hace poco incluso tuvimos una intervención con uno que nos dijo: 'Más vale que estuvieseis en casa con vuestro marido cuidándole en vez de jorobándonos a nosotros'. Esa es la pataleta fácil", cuenta restándole importancia.
Compañerismo

Sin embargo, exceptuando esos inicios en los que no pudo ir a la patrulla de noche, Isabel defiende que dentro de la Policía "nunca he visto diferencia con mis compañeros". Algo importante en un trabajo en el que el compañerismo es clave ya que se tienen que enfrentar a situaciones complicadas. "Cuando tú pides un apoyo tienes que tener ese apoyo y cuando alguien te lo pide, tú lo tienes que dar. En ese sentido estamos todos a la misma, no hay ningún problema ni ningún tipo de distinción, no hay discriminación", insiste. "A la hora de trabajar todos respondemos".


Ese compañerismo luego se traslada al día a día y se respira en el ambiente mientras caminamos con Isabel por la Dirección General de la Policía Municipal en Casa de Campo, donde cada dos por tres la paran para saludarla. Con casi 40 años de experiencia, es toda una institución. "Es que como trabajo de noche hay muchos compañeros a los que casi no veo", dice con una sonrisa.

Ella rompe la lanza por sus compañeros y, como dice, "vamos todos a una como los de Fuenteovejuna". Defiende la profesionalidad del cuerpo y la necesidad de mantener el respeto a la autoridad aunque, como vivió en sus carnes desde el primer día, muchas veces la población no lo tiene. "Para mí el problema fundamental es la falta de respeto y de educación. La gente siempre dice 'es que tengo derecho tengo derechos', pero es que la Constitución también habla de obligaciones y hay que tenerlo en cuenta".

Isabel explica apenada que "el respeto a la Policía se está perdiendo" y lo considera "un error". "Una parte de la población no tiene la percepción de proximidad del policía, nos ven como una acción represiva". Por eso, tiene clara cuál sería la solución: "Siempre digo que todo el mundo debería pasar un día haciendo nuestra labor y cambiarían mucho las cosas".
Más mujeres policía



La buena relación con sus colegas no es solo actual. Ella asegura que tampoco sintió discriminación cuando se apuntó a la Policía en 1981, justo 10 años después de que se permitiese la entrada de mujeres -y fecha de la que recientemente se han cumplido 50 años-. En ese momento el Cuerpo casi no tenía mujeres, y menos aún en el turno de noche, aunque poco a poco las cosas comenzaron a cambiar. "En mi promoción fuimos más mujeres, no sé por qué ya que en esa época no existía la discriminación positiva ni nada, pero en la unidad a la que fui destinada había dos mujeres y llegamos ocho de golpe. Claro, todos se quedaron ojipláticos".

"En el turno de noche había una compañera que se llamaba Marta Fátima Vergara y cuando había que hacer un cacheo la llamaban a ella y se tenía que trasladar con un patrulla de comisaría en comisaría. Luego pasé yo a la noche junto con Teresa, otra compañera de mi promoción, y al menos ya éramos dos mujeres en la calle".

Poco a poco aumentó la población femenina entre la Policía, algo que a Isabel le agrada porque hombres y mujeres "nos complementamos", aunque ella trabaja desde hace 18 años con una compañera. "Es mi compañera, es mi amiga y la quiero con toda el alma. Si algo me da pena de cuando me vaya a jubilar es ella".

Cuando las juntaron incluso a ellas se les hizo extraño no ir con un hombre, pero congeniaron tan bien que ya no quisieron cambiar. "Yo nunca había ido con una compañera y había algún mando que tenía reticencias y preocupación, pero nosotras dijimos: 'Vamos a ver, si el patrulla de dos mujeres va a implicar problemas en cada intervención vamos a ser las primeras en decirlo'. Pero nunca los ha habido, la gente nos trata exactamente igual".



Al despedirse nos dice que la saludemos si vamos por la noche al centro de Madrid. Estará patrullando por Montera, Sol o Lavapiés como lleva haciendo desde hace tanto tiempo y hasta que se decida a jubilarse. "Me lo estoy pensando, pero lo haré antes de los 65. Tienen que entrar nuevas generaciones, nosotros contar nuestra experiencia y marcharnos a otras cosas".
https://www.elespanol.com/mujer/protago ... 999_0.html