Santiago Núñez, Jefe de la Unidad de Tráfico de la Ertzaintza en Gipuzkoa, acaba de ser galardonado con la medalla de oro de la Asociación Española de la Carretera por su trayectoria profesional dedicada a la mejora en la vigilancia y control. Núñez, uno de los mandos policiales con más experiencia en materia de tráfico en Euskadi, considera que Gipuzkoa cuenta con vías «correctas y aceptables» y precisa que el Segundo Cinturón «ha sido una revolución desde la perspectiva de la movilidad».
- No a todos les distinguen por su contribución a que las infraestructuras viarias sean más seguras.- Aunque el galardón se me ha concedido a mí, el mérito no es personal sino colectivo, de todos los agentes que a diario patrullan en la carretera y que, además, desarrollan una gran labor que se está viendo recompensada con unos datos de accidentalidad muy positivos.
- No es tarea fácil la suya.- Sin duda que no. Pero en esta labor no estamos solo nosotros. Hay que entender que para mantener las infraestructuras viarias seguras hay otros organismos que participan de una forma muy activa. Pero en esto, como en otros cometidos, las claves son: dedicación, esfuerzo, orientación a la tarea, hacerlo de manera muy intensiva y mantenerlo en el tiempo. Y a pesar ello, cuesta.
- ¿Influye en la evolución favorable de la accidentalidad que ha comentado la calidad de la red viaria guipuzcoana?- Hay que reconocer el enorme esfuerzo inversor que ha realizado la Diputación en los últimos años. Soy testigo de ello, pues he pasado casi toda mi vida profesional en las unidades de tráfico. La construcción de la A-15, el desdoblamiento de Etxegarate, la AP-1, el Segundo Cinturón, la Autovía del Urumea, el eje Beasain-Durango... Todos estos proyectos han contribuido de manera fundamental a la reducción de la siniestralidad. En el momento en que se desdobla una vía o se construye otra diferente se dan otras oportunidades al tráfico rodado y ello repercute en la siniestralidad. Cuando finalice la Beasain-Durango, Gipuzkoa tendrá una red de alta capacidad, suficientemente apta para el tráfico que mantenemos en estos momentos. De cualquier manera, entiendo también que haya otras opiniones que consideran que habría que construir más carreteras. Ahí estaríamos abriendo el debate de qué modelo de futuro queremos; si el de seguir sembrando de cemento el territorio, sabiendo además que carretera que se construya, carretera que se ocupa, o el de la búsqueda de una movilidad más sostenible, donde el turismo, el camión y la carretera pierdan protagonismo respecto a otras alternativas.
- ¿A qué alternativas se refiere?- Podemos hablar del tren, del barco, del transporte público. Hay otras alternativas que logran que las personas y mercancías se muevan pero no exclusivamente a través de la red principal de carreteras ni en turismos. En mi opinión, el futuro no puede ser el de seguir construyendo más carreteras. Quizás lo que haya que hacer es analizar si el uso de las mismas y, por lo tanto, los flujos de tráfico, son proporcionales en la totalidad de las vías o hay que incentivar el uso de algunas que están infrautilizadas en detrimento de otras. La inversión que, por ejemplo, se ha realizado en la AP-1 y la seguridad que ofrece no guarda relación con el volumen de tráfico que en estos momentos tiene, cuando la N-I que lleva al mismo lugar tiene un tránsito muy superior.
- La explicación es económica.- Así lo entiendo. La AP-1 es una vía de pago y la otra no.
- Si prosperase el proyecto del anterior gobierno foral respecto al establecimiento de peajes en Etxegarate, ¿cree que cambiaría la situación?- Uno de los objetivos que perseguía ese modelo era precisamente que se produjese un trasvase del tráfico que circula por la N-I a esas otras vías.
- ¿Que le parece la fijación de ese canon?- Profesionalmente no debo entrar en esos temas. Lo que me parece lógico es que se busquen fórmulas para que la N-I pierda un poco de protagonismo respecto a la AP-1 que, por otro lado, es una gozada en tiempo, seguridad, eficacia...
- Entiende por tanto que tenemos vías suficientes, pero ¿se hallan en buen estado?
- He sido testigo de las inversiones que se han realizado, no sólo en la creación de las infraestructuras, sino también en mantenerlas y en equipos de conservación. Diría que, de forma genérica, las vías que tenemos en estos momentos están en correctas y aceptables condiciones. Hay que tener en cuenta que tenemos unos 300 kilómetros en vías de alta capacidad, a los que hay sumar todos los de la red secundaria. Ello, sin embargo, no es óbice para que no se produzcan casos concretos y puntuales, donde pudiera haber aspectos a mejorar, cuestiones que cuando las detectamos se las trasladamos a los técnicos de la Diputación en las reuniones que mantenemos.
-¿Cuáles son a su juicio los puntos más conflictivos de Gipuzkoa?- Coinciden con aquellos que soportan altas densidades de tráfico y que además se concentran en un espacio horario concreto. En el eje de la N-I hay varios. Uno, el tramo Andoain y Lasarte-Oria, aunque pienso que con el tiempo, tras la apertura de la autovía del Urumea, mejorará. El de Irura y Ordizia tiene también un mayor grado de accidentalidad. Y luego está Etxegarate, donde el protagonismo del vehículo pesado tiene cierta importancia. La AP-8, de Itziar hasta la muga con Vizcaya, es también sensible.
- ¿Qué ha aportado el Segundo Cinturón de Donostia?- Si se me permite la expresión, ha sido una revolución desde la perspectiva de la movilidad. Se ha materializado una vieja necesidad de dotar de una vía en exclusiva para el tráfico de largo recorrido o de paso. Al mismo tiempo, se ha liberado la antigua Variante de Donostia, la actual GI-20, que queda para el propio tráfico de agitación que genera Donostia y su entorno. Si a eso le unimos que el Segundo Cinturón se ha conectado con la autovía del Urumea, con el vial nuevo (GI-41) que penetra en Donostia a través de Amara, y con los accesos a Hospitales, nos ha abierto una gama inmensa de movimientos en los trayectos. Y esto se ha traducido en una reducción muy considerable de los accidentes en lo que era la antigua Variante donostiarra y, también, en una disminución de los problemas de tráfico que había, en unos casos originados por la incapacidad de la vía de absorber la elevada densidad, y en otros por la alta siniestralidad, que causaba retenciones.
- ¿Habría mantenido la limitación de velocidad a 110?- Me quedo con lo positivo del 110. Aparte del aspecto económico, la gran mayoría de la gente respetaba la velocidad y las cifras de accidentalidad durante ese periodo descendieron. Como responsable de la unidad de tráfico, donde veo que la velocidad es un factor esencial en la materialización de accidentes, siempre me posicionaré a favor de políticas de contención de la velocidad.
- ¿El radar es amigo o enemigo el conductor?- El radar es un elemento más del que dispone la Administración para el desarrollo de las políticas de tráfico tendentes a reducir los siniestros. Desde esa perspectiva, entiendo que puede ser un amigo de la inmensa mayoría de los conductores que respetan los márgenes de velocidad y un enemigo de esa minoría que se resiste y son candidatos a materializar accidentes. La unidad fue partícipe en la implantación y diseño de dónde se debían ubicar los radares. Los datos corroboran que ha sido una medida positiva. En la práctica totalidad de lugares donde se ha ubicado un radar, los datos de accidentalidad han registrado una importante disminución, del 30% al 60%, por lo tanto son unos colaboradores activos en la reducción de la accidentalidad. Los radares de tramo han sido igualmente positivos. No obstante conviene esperar a que transcurra algún tiempo y verificar esta evolución.
- ¿Cuántas veces no habrá oído aquello de que 'mejor si en lugar de instalar un radar en un punto peligroso hubiese una patrulla?- Tantas veces... Como esa otra de «nunca estáis cuando se os necesita» o «siempre estáis donde no se os necesita». Los recursos no son ilimitados y hay que hacer un uso óptimo de los mismos. Funciones que históricamente desarrollaban policías se han sustituido por medios tecnológicos que demuestran su efectividad y son un complemento.
- ¿Cuál es el percance que más teme?- Lo que realmente me preocupa no es tanto el percance en sí sino las consecuencias, ya sea en forma de víctimas, fallecidos o problemas de tráfico. No obstante, no voy a negar que cuando recibo un mensaje de que se ha producido un accidente con un vehículo pesado, enseguida imaginas el trastorno que puede causar en la circulación.
- ¿Y las nieves?- Los temporales de nieve son un tanto críticos desde el punto de vista de la movilidad. Son difíciles de gestionar. Exigen un enorme esfuerzo en medios humanos, materiales, tanto de la Ertzaintza como de la Diputación, emergencias... Y, además, todo hay que hacerlo en condiciones atmosféricas difíciles, en jornadas que casi no tienen finalización. Por ello, en estos casos siempre lanzamos un mensaje: es necesario concienciar al conductor de que en estas situaciones debe hacer caso a las recomendaciones que se les transmiten, porque sin su colaboración no es posible.
- A veces se producen retenciones que tardan horas en ser solventadas. ¿Cree que los tiempos de respuesta en casos de siniestros de esta naturaleza son razonables?- Comprendo que cuando un usuario de la carretera se encuentra con un accidente y percibe que va a permanecer parado un tiempo porque la vía está cerrada, se moleste y enfade. Pero al mismo tiempo, pediría que se analizase con frialdad la cronología de estos siniestros en los que se ven implicados camiones: hay que movilizar grúas pesadas que es preciso desplazar al lugar; hay que liberar la carga del camión, ya sean palés, televisores, ganado, fruta...; también hay que retirar el vehículo y posteriormente limpiar la calzada. Al final, vemos que no es fácil reducir los tiempos. Por eso pediría cierta comprensión al usuario. Gipuzkoa tiene una ubicación estratégica en el movimiento de mercancías, con lo cual el porcentaje de camiones que circulan por nuestras carreteras es muy alto.
- ¿Los camiones imponen su ley?- No estoy en absoluto de acuerdo con esa afirmación. Entiendo que pueda existir esa percepción teniendo en cuenta sus características, dimensiones y peso, su alta presencia en las carreteras de Gipuzkoa y las graves consecuencias de los accidentes en los que están implicados, pero yo no diría que imponen su ley. El colectivo de transportistas cuenta con grandes profesionales y la inmensa mayoría respeta escrupulosamente las normas. Puede haber una minoría que no lo haga, pero no vamos a criminalizar al sector.
- ¿Cómo son las relaciones en materia de tráfico con Francia?- Forman parte del ámbito competencial de la Dirección de Tráfico del Gobierno Vasco y me consta que existen contactos periódicos para tratar estos temas, ya que en ocasiones solicitan nuestra opinión. Nosotros como unidad operativa, a través de nuestra presencia en la Comisaría conjunta de Hendaya, también tenemos un canal de comunicación con los cuerpos policiales relacionados con la materia.
- ¿Existe esa coordinación para evitar retenciones en periodos de éxodo vacacional?- Ha mejorado mucho. La coordinación existe, pero si se me permite la afirmación, las retenciones con motivo del éxodo vacacional en la muga son básicamente un problema de gestión y funcionamiento de la infraestructura en el peaje de Biriatou que, quizá, no se está explotando adecuadamente para evitar esas retenciones. Yo siempre pongo el mismo ejemplo. La práctica totalidad de los vehículos que pasan por Biriatou han atravesado siete kilómetros antes por el peaje de Irun. En este peaje no se registran problemas y, sin embargo, en el de Biriatou las retenciones son kilométricas.
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